Ayer estuve escuchando las preguntas y, sobre todo, las respuestas de nuestro querido y santo varón Rodríguez en la tele. La verdad es que no tuve estómago para escuchar todas, pero las que oí no tienen desperdicio. ¡Qué bueno es! ¡Qué hombre más entregado a su país!
Salvo que, ahora que lo pienso, no dijera una sola verdad. Porque, analizándolo, lo único que dijo que puede ser cierto es que duerme como un bendito, como santo que es. Que ni el paro de tres millones y pico de españoles, que ya serán cuatro, le quita el sueño. Eso debe ser verdad: "tengo que descansar para afrontar los problemas de gobierno con claridad" o algo así, dijo.
Porque él no sabía nada de la crisis; la crisis es culpa de los americanos (creo que no dijo que también de Aznar, o no lo oí); él no se sentó cuando pasó la bandera americana en aquel dichoso desfile; él no da dinero a la banca; él se preocupa por aumentar los gastos sociales para que el dinero llegue a todos; él se empeña en solucionar la crisis con optimismo, sólo con optimismo, que el pesimismo únicamente produce paro y desgracias; él define la economía como un estado de ánimo, faltaría más, que los españoles estamos desanimados y por eso la crisis...; él pide que la oposición arrime el hombro, o sea, que no se oponga.
En fin, él está por encima del mal y sólo hace el bien.
Es una pena; a mí me gustaría convocar a todos los españoles, a todos, a una manifestación el próximo día 1 de febrero en Moncloa para vitorear a nuestro líder Rodríguez y elevarlo a los altares. San Rodríguez, primer santo laicista de la Historia. Sería un buen título.
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