Aquí desahogaré mis pensamientos sobre la política (más bien sobre politicucha, que es lo hacen nuestros políticos) y hablaré, a veces, de otras cosas. No pretendo ofender pero, si lo hago, apechugaré con las consecuencias. No creo que diga mucho más de lo que se escribe en periódicos o blogs, se habla en tertulias o se comenta en TV.

jueves 30 de octubre de 2008

El Congreso de los Simios, semivacío

En el pleno de ayer en el Congreso de los Simios (*) no llegaban a la mitad los diputados presentes a la hora de comienzo del pleno, las nueve de la mañana.

Dicen que a las once apenas había 12 diputados escuchando al decimotercero que hablaba, imagino, con absoluto desánimo.

Éstos son los llamados "padres de la Patria". Cobran una pasta -de nuestros bolsillos-, tienen dietas y no sé cuántas prebendas, y van y no acuden a su puesto de trabajo. ¡Cojonudo! Si yo falto un día a la empresa sin causa justificada, me lo descuentan del sueldo, como a cualquier trabajador.

A ellos, no. Ellos hacen lo que les sale de los güevos, no madrugan y no van a trabajar. Y aquí no pasa nada. Ni siquiera la oposición da ejemplo... ¿Es que no se les cae la cara de vergüenza?

¿Es que en este país la clase política es la privilegiada, gasta sin límite, no trabaja, y miente? Se merecen un cero en las próximas votaciones: un cero patatero (o zapatero o rajoyero) en votos. ¡Que no les vote nadie! ¿Os imagináis unas elecciones con el 100% de abstención? Bueno, eso no es posible, porque esa patulea de diputados simiescos se votaría a sí mismo: ¿cuántos candidatos se presentan? ¿10.000? Bueno, pues unas elecciones con 10.000 votos.

Es lo que se merecen.

(*) El nombre de "Congreso de los simios" se explica en mi entrada del 27.06.2008)