Anoche soñé con Rodríguez. Horrible pesadilla. Soñé con Rodríguez y su esposa. Íbamos andando, yo con él y, detrás, ella con una mujer. Los cuatro entrábamos a una iglesia para asistir a misa. Recuerdo que yo iba un tanto forzado. Fue un sueño lleno de una contradicción que no alcanzaba a entender, hasta que me di cuenta. Veréis:
Antes de ayer estuve viendo un rato un programa en la tele (¿59 segundos?) donde un grupo de periodistas entrevistaban a Rodríguez. ¡Qué bueno! ¡Qué ángel! Me quedé prendado de sus palabras. ¡Qué bien habla este hombre, con qué suavidad, con qué fuerza de convicción! Decía que no debemos preocuparnos, que no hay crisis económica: sólo una ligera desaceleración, debido a que está ocurriendo en toda Europa. Pero España (¡ehpaña, ehpaña, ehpaña...!) es diferente y nos va mucho mejor que al resto de Europa. Tenemos reservas y seguiremos creciendo más que los países europeos. ¡Si ya hemos superado a Italia en renta per cápita –Prodi lo negaba, pero bueno, es igual– y nuestro próximo objetivo es alcanzar a Francia! ¡Ah! y que la inflación que baja ya, que no hay que preocuparse.
Luego decía, ante una pregunta insidiosa de algún periodista, que, efectivamente, no tenemos la Justicia que nos merecemos en una democracia como la nuestra. Lo decía con humildad, reconociendo que con la Justicia no había hecho lo necesario. Pero nada, que no nos preocupemos. Él y todo su gobierno va a hacer un tremendo esfuerzo para dotar a la Justicia de un buen programa informático... Con eso se arregla todo. Con eso, debe pensar, robotiza a los jueces y fiscales y, a partir de ahora, unos dictarán sentencias justas y los otros perseguirán con eficacia el delito...
¡Qué bueno es Rodríguez! Me emocionó. Me llegó a lo más profundo de mi ser, me convenció, me sedujo. Apagué la tele –no quise sentirme desbordado de tanta bondad– prometiéndome que en las próximas elecciones votaré por él, sin duda, y seré feliz pensando que tendré dirigiendo nuestros derroteros a una persona tan buena como Rodríguez durante ocho años, por lo menos.
Ahora entiendo el sueño. Rodríguez es bueno y por eso va a misa. A mí me enseñaron de pequeño que los buenos iban a misa. La contradicción está –y de ahí la tremenda pesadilla– en que me consta que Rodríguez es anticlerical. Un amigo me contó que en la fiesta de una urbanización donde él vivía, o que visitaba, estaban celebrando la Santa Misa cuando apareció él y se bañó en la piscina, próxima al lugar de celebración, haciendo un ruido considerable al entrar y salir del agua. Los vecinos le pidieron silencio y respeto y a él le dio igual (no sé qué ocurrió finalmente, si discutieron, lo echaron, o él se salió con la suya, no recuerdo si me lo contaron; pero los hechos son rigurosamente ciertos: mi amigo fue testigo presencial). Además de otros hechos de todos conocidos. (Por cierto, a mí me trae sin cuidado si Rodríguez es creyente, católico, budista, islamista, ateo o lo que quiera; lo que no puedo aceptar es la falta de respeto).
El sueño termina, es decir, me despierto, cuando la mujer que acompañaba a la mujer de Rodríguez me da un delicioso beso en el cuello. Mi problema ahora es que no recuerdo si me desperté por pánico o de placer...
miércoles, 30 de abril de 2008
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