No señor, no. Ya no es trasvase, ni siquiera trasvasillo. Ahora es conducción de agua sin restar una sola gota al Ebro. Y va el gobierno y lo explica, con la desfachatez que le ha caracterizado en los cuatro años anteriores, y los españoles, se supone, tenemos que creérnoslo.
Es lo que se llama negar la evidencia o mentir, que es a lo que nos tienen acostumbrados los gobiernos de Rodríguez. ¡Y lo que nos queda! La vice dice, literalmente, que "hay que evitar prejuicios y falsedades que crispan y enfrentan a unos españoles con otros". Y lo que ella y sus congéneres hacen es justo lo contrario, aprobando, sólo para Barcelona, que el agua vaya desde el Ebro y por tuberías, sin gastar una gota, pero abasteciendo a una región española, sólo a una. A Valencia, Murcia y Almería no, que si va para allá seguro que se gasta agua del Ebro. Agua que cuando tiene destino Barcelona se genera espontáneamente, debe ser. ¡Milagro!
Ahora dirán que el que crispa es el PP. Claro que el PP ya no está más que para crisparse a sí mismo. ¡Vaya lío monumental que se están montando ellos solitos! Lógico. Quien ha perdido hasta por dos veces no debe -no puede, diría yo- querer ganar por la cara o por su empecinamiento, soberbia o qué sé yo. Y, otro que tal baila, pretender encima que eso es bueno para los españoles. ¡Ah! Vaya, no había caído.
¿Por qué Rajoy no se va a su casa de una puñetera vez y el PP elige un líder que les haga llegar a las próximas elecciones con cierta garantía?
En definitiva, unos y otros nos toman -a los ciudadanos, como se dice ahora (perdón, a los ciudadanos y ciudadanas)- por gilipollas. A lo peor, es que lo somos.
sábado, 19 de abril de 2008
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